Una vez conocí a un personaje entrañable.
Aníbal se llamaba. O se llama, no se murió, pero ya no lo veo más.
Aníbal, el "negro", usaba una salida de baño o "albornoz" en las reuniones de amigos, y tenía en el living una barra para servir tragos. Bah, en realidad nunca le vi servir un trago a alguien que no fuera a él, pero la barra quedaba re chuchi en el living. Qué galán, con su barra, el tipo.
Vivimos muchas cosas juntos, boló, y ahora me sientos un poco vacíos que ya no está cercas. Posssta. Era una ternura verlo llegar con su aspecto de papá de Mafalda pero recio, el guapo de Avellaneda, sacando pecho de un día más en la lucha, en la universidad de la calle, en esa realidad amenazante que era la vida, pero él llegaba a casita y se encontraba con el orden y la armonía.
Aníbal corazón. Un tipo duro pero de corazón noble. Eso sí, un poco racista, el que era tan blanco, y apenitas fascista -aunque no creo que conociera el significado del término "fascista"-, pero ¿vio?, nadie es perfecto.
Nunca me voy a olvidar de él en una reunión, como en tantas otras, donde sacaba a relucir sus acendrados conocimientos-acerca-de-todo. Aníbal te bate la justa, te canta las cuarenta y te dice donde están los giles. Me cacho en dié, qué tipo sabio. No te dejaba hablar, o ya no querías hablar, porque todo lo que uno dice son forradas, y el va a tener la posta. Posta te lo digo. Como esa vez de la reunión, la pucha, qué deleite, él con su "rot de yam", disertando sobre sus viajes a Europa, el tipo conoce. Porque te cuenta, y casi me muero con esta, el tipo nos contó cómo son los asientos del aeropuerto de Frankfurt. Que él se los conoce de memoria, porque las veces que fue, probó primero en un costado, y después en el otro, y tenían como un respaldo especial, y ojo que no te vas a encontrar asientos como esos, con una tela especial que está en muy pocos aeropuertos. No, si él no se va a sentar en cualquier lado, y aparte, qué se yo, hay que conocer mundo. Y como esos asientos, puff! Ni te cuento las cosas que encontrás. Estos alemanes son grosos, y aparte, Frankfurt tiene el mejor aeropuerto. No la gilada de Berlín, na. Y bueno, sí, es cuestión de viajar y conocer mundo. Los asientos del aeropuerto de Frankfurt son lo más.
Qué cosa... casi que lo extraño. Aníbal corazón.
jueves, 12 de abril de 2007
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3 comentarios:
hola nachín, la verdad q has logrado q rememore muchas cosas...jajajaj...q desastre, pensar q existe!!!, el único tema es q es un negro quilmeño, no de avellaneda..pero buehhh...un detalle...por lo demás, perfecto!!!!
Angie
Señor Evaristo. Si el aeropuerto de Frankfurt tenía tan cómodos asientos, ¿cómo se sentía -o se sentaba- ese tipo en cualquier banco de plaza, o bien en su propio hogar?
saludos
SZ
Señor Zizek:
No comprendo la pregunta. Si me la puede aclarar, sería muy amable de su parte.
Además, podría recomendar mi página a sus adláteres.
Atte.
Evaristo
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